Retomo el hilo del último post. En este comentario reflexionaba sobre el hábito de leer periódicos en lectores como Kindle. En mi opinión, éste será el principal escoyo al que tendrá que hacer frente el ciberperiodismo para cargarse las publicaciones tradicionales. En otras palabras, el apocalipsis definitivo del papel se producirá el día en que uno pueda ir tranquilamente en el metro leyendo las noticias del día en su lector digital.
Veo ahora, a través del blog de Juan Varela, un vídeo de simulación hecho por la consultora Berg sobre la usabilidad de las pantallas del futuro y su aplicación en la lectura de revistas. Me he quedado completamente fascinado. Por una parte, el vídeo muestra de una forma muy didáctica cómo aplicar en la pantalla digital la manera de pensar y actuar del usuario con el papel. Por otra, cómo en este mecanismo de lectura pueden incorporarse todo tipo de recursos multimedia bajo un único producto periodístico. El resultado es una sencilla plataforma de lectura táctil muy intuitiva, extremadamente cómoda y fácil de usar. El producto periodístico, sublime.
Mag+ from Bonnier on Vimeo.
En línea con este vídeo, la revista Sport Ilustrated ha creado otra simulación en la que aplica muchas de esas técnicas en sus propios contenidos. No sólo en los periodísticos, también en los publicitarios. Con una muy fácil usabilidad, el lector puede elegir las secciones de la publicación que más le interesan, leer las crónicas y estadísticas de los partidos de un deporte u otro o ver los mejores vídeos y audios de dichos encuentros.
En definitiva, y sin ánimo de resultar machacón con el tema, creo que estos dos vídeos demuestran cómo una vez que se perfeccione y popularice el uso de los lectores digitales se podrá pensar en el adiós del papel. Estos lectores deberán ser muy resistentes y tener baterías de larga duración. O si no habrá que dar la razón a este comentario anónimo al post de Varela, tan cachondo, pero me temo que tan real: “A mi parecer un libro es mucho mejor que esto porque se te cae un café encima, lo pisas, lo doblas, te lo muerde el perro y puedes seguir leyendo. Si está bien conservado puede durar siglos, mientras que no se sabe cuanto pueden durar los datos dentro de un aparato de estos”. Pienso que las empresas fabricantes deberán tener en cuenta más que nunca la resistencia y la calidad del producto. No digo que puedan resistir a los mordiscos del perro, sino que no debe convertirse en el típico cachivache tecnológico que dejamos tirado por casa porque sólo da problemas.
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sábado, 19 de diciembre de 2009
martes, 15 de diciembre de 2009
Kindle killed the newspaper star?
El año 2009 ha dicho adiós a 367 periódicos estadounidenses, según datos de Media Finder —cifra inferior, no obstante, a los 526 y 573 que cayeron en 2008 y 2007, respectivamente—. Además, otras 64 publicaciones cerraron las páginas de papel y se volcaron en su negocio online.
Estas cifras, recogidas por 233grados, me han traído a la cabeza uno de los debates que más nos ha perseguido a los profesionales de mi generación, incluso desde la época universitaria: el futuro del periódico impreso. Aún me acuerdo de aquella charla que en primero de carrera vino a darnos José Luis Martínez Albertos. El catedrático emérito de la Universidad Complutense defiende desde hace más de diez años que la defunción del periódico de papel se producirá en 2020 (El ocaso del periodismo, 1997: Editorial CIMS). Recuerdo vagamente que aquella conferencia —año 2000 aproximadamente— me produjo una absoluta indiferencia, entre otras cosas porque su planteamiento me parecía una locura.
¡Cómo han cambiado las cosas casi diez años después!. Día tras días nacen nuevos medios nativos de la red (por cierto, leo mientras escribo este post que elpais.com ha fichado a Gumersindo Lafuente y su equipo de Soitu). Y día tras día se quedan en el camino rotativos que no han sabido adaptarse al nuevo formato. Yo he sido uno de esos románticos que pensaba que el periódico nunca moriría. Confiaba en que si se supiesen adaptar los contenidos, limitando la información y potenciando la opinión y la interpretación, podría subsistir. Pero, amigos, he der reconocer que cada día tengo más reticencias. Sé que existen infinidad de factores de diversa índole que afectan al nuevo papel del papel, valga la redundancia, y que el tema daría para veinte tesis doctorales diferentes. Sin embargo, el mes pasado Enrique Dans me dio la puntilla final con una única cuestión, un comentario que hizo a raíz de su primera “experiencia Kindle”: “Lo primero que se me viene a la cabeza es que hablamos de un dispositivo que casi tienes que hacer un ejercicio mental para recordar que es eléctrico”. Reconozco que aún no he podido probar el Kindle, pero si este lector realmente consigue que la experiencia de leer un periódico digital se asemeje tanto a la del analógico creo que habría que dar por válidas las premoniciones Martínez Albertos y muchos otros gurús.
Los contenidos ya empiezan a adaptarse a la nueva realidad. La profesión ya no duda de que, como decía Walter Lippmann, una vez leído, el periódico sólo sirve para envolver el pescado. Pero, a pesar de ello, la portabilidad del formato y su fácil manejo lo hacían, en mi opinión, insustituible. La lectura en papel ha ido siempre estrechamente ligada a ciertos momentos del día, únicos para cada uno. Pensemos y nos daremos cuenta de que siempre solemos leer el periódico en una situación determinada. Por ello, el futuro del periódico tradicional dependerá de la supervivencia de momentos de lectura tan sagrados como el desayuno, el metro o el sofá de casa. Quizá sea una visión demasiado romántica, pero creo que si los lectores digitales saben mantener el encanto y la tradición de ese momento de lectura me temo que, una vez que sus precios estén al alcance de todos, habrá que ir pensando en la defunción definitiva del periódico.
Estas cifras, recogidas por 233grados, me han traído a la cabeza uno de los debates que más nos ha perseguido a los profesionales de mi generación, incluso desde la época universitaria: el futuro del periódico impreso. Aún me acuerdo de aquella charla que en primero de carrera vino a darnos José Luis Martínez Albertos. El catedrático emérito de la Universidad Complutense defiende desde hace más de diez años que la defunción del periódico de papel se producirá en 2020 (El ocaso del periodismo, 1997: Editorial CIMS). Recuerdo vagamente que aquella conferencia —año 2000 aproximadamente— me produjo una absoluta indiferencia, entre otras cosas porque su planteamiento me parecía una locura.
¡Cómo han cambiado las cosas casi diez años después!. Día tras días nacen nuevos medios nativos de la red (por cierto, leo mientras escribo este post que elpais.com ha fichado a Gumersindo Lafuente y su equipo de Soitu). Y día tras día se quedan en el camino rotativos que no han sabido adaptarse al nuevo formato. Yo he sido uno de esos románticos que pensaba que el periódico nunca moriría. Confiaba en que si se supiesen adaptar los contenidos, limitando la información y potenciando la opinión y la interpretación, podría subsistir. Pero, amigos, he der reconocer que cada día tengo más reticencias. Sé que existen infinidad de factores de diversa índole que afectan al nuevo papel del papel, valga la redundancia, y que el tema daría para veinte tesis doctorales diferentes. Sin embargo, el mes pasado Enrique Dans me dio la puntilla final con una única cuestión, un comentario que hizo a raíz de su primera “experiencia Kindle”: “Lo primero que se me viene a la cabeza es que hablamos de un dispositivo que casi tienes que hacer un ejercicio mental para recordar que es eléctrico”. Reconozco que aún no he podido probar el Kindle, pero si este lector realmente consigue que la experiencia de leer un periódico digital se asemeje tanto a la del analógico creo que habría que dar por válidas las premoniciones Martínez Albertos y muchos otros gurús.
Los contenidos ya empiezan a adaptarse a la nueva realidad. La profesión ya no duda de que, como decía Walter Lippmann, una vez leído, el periódico sólo sirve para envolver el pescado. Pero, a pesar de ello, la portabilidad del formato y su fácil manejo lo hacían, en mi opinión, insustituible. La lectura en papel ha ido siempre estrechamente ligada a ciertos momentos del día, únicos para cada uno. Pensemos y nos daremos cuenta de que siempre solemos leer el periódico en una situación determinada. Por ello, el futuro del periódico tradicional dependerá de la supervivencia de momentos de lectura tan sagrados como el desayuno, el metro o el sofá de casa. Quizá sea una visión demasiado romántica, pero creo que si los lectores digitales saben mantener el encanto y la tradición de ese momento de lectura me temo que, una vez que sus precios estén al alcance de todos, habrá que ir pensando en la defunción definitiva del periódico.
Etiquetas:
Historia del periodismo,
Kindle,
Periodismo
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